UN NUEVO ATROPELLO

Un nuevo atropello a los derechos de los trabajadores, con el pretexto de la crisis sanitaria, se acaba de perpetrar a través de la acordada Nro. 29.543 de la Suprema Corte de la Provincia.

Aquellos que debieran ser los garantes y custodios del derecho, se transforman en los primeros que lo vulneran, arropados en la fraseología jurídica, para no dejar al desnudo la injusticia.

Parece que la invocación de las palabras sagradas Covid 19, emergencia sanitaria y pandemia son suficientes para hacer desaparecer los derechos laborales y el sistema jurídico republicano y democrático. Porque de esto se trata, no solo de nuestros derechos, sino también, de una forma de decir que el derecho no existe. Que no importa lo que digan las leyes, ni la constitución.

¡Es la pandemia, estúpidos!, nos dicen.
¡Qué importa, entonces, que nosotros digamos que es el derecho, que son las leyes y la constitución!
Ya se anunció el no pago del aguinaldo en tiempo y forma. Ahora se anuncia la cancelación del período vacacional de invierno.

¿Hay que decir, hay que explicarles a estos “magistrados” que un tribunal o un gobierno no pueden decir simplemente que no hay derecho a las vacaciones y que no hay derecho al salario complementario? ¿Hay que recordarles a los demócratas y republicanos que son derechos, basados en leyes y que no se está reclamando privilegios ni excepciones sino aquello que corresponde por norma y por nuestro trabajo?

Estos magistrados no aplican el derecho. Lo que hacen, en realidad, es decirnos que el derecho no existe.
Perdón: lo que no existe son nuestros derechos. Los de ellos, sí.

Algunos medios y algunas personas influenciados por los voceros del poder económico han insistido en que la emergencia justifica la cancelación de derechos.

Es necesario advertir que ese argumento (un no argumento, en realidad) puede conducir a la cancelación de cualquier derecho. El peligro de convertir en sentido común un atropello a la constitución y a las leyes sobre la base de invocar las palabras mágicas de la pandemia es que luego puede ser usado contra todos los ciudadanos., con relación a cualquier tema y a cualquier derecho.

¿Para esgrimir este tipo de fundamentación mágica fueron a la facultad los miembros de la Corte? ¿O fueron para aprender a disfrazar de jurídico la fuerza y la prepotencia?
Es cierto que, según el curriculum de la última candidata a la corte, Teresa Day, no hace falta conocimiento, ni siquiera haber ejercido como abogada.

No; no hay derecho a cancelar las vacaciones ni a pagar el aguinaldo como se les antoja. La emergencia impuesta por los poderes políticos no fueron vacaciones sino una obligación solidaria para evitar el genocidio social que ocurre, por ejemplo, en Chile o en Brasil, y que de no cumplirse aquí podría conducir a eso mismo, porque la crisis todavía no está solucionada. La situación de emergencia planteó diversas exigencias a todos los trabajadores, desde el cuidado propio, el de los hijos, el de los mayores y muchas otras cuestiones.

El derecho al descanso no es un lujo, en un concepto de vida que, claro está, no es la vida que los poderes económicos conceden a los trabajadores.

Históricamente, si tenemos vacaciones, es porque la ganamos con nuestra lucha. Y en eso estamos.
Si el Estado no tiene recaudación suficiente para pagar el trabajo de sus empleados, la decisión del poder es que trabajen igual, pero sin aguinaldo. Jamás se le ocurrió que los que acumulan riquezas, más que suficientes para vivir varias vidas, aporten solidariamente a la sociedad que no tiene riquezas sino que vive del salario. Pero, claro, el concepto de solidaridad no alcanza a los ricos, es solo para consumo de los trabajadores y los que menos tienen. Si se habla de impuesto a la riqueza o una reforma tributaria progresiva, eso ataca a la propiedad privada. Nuestro salario, en cambio, parece ser propiedad de otros, que pueden cancelarlo como cancelan nuestras vacaciones.

¿Queremos descansar en medio de la pandemia? ¡Qué ocurrencia! ¡Es un lujo!

De nuevo, nos dicen, el lujo no son las riquezas, sino los derechos. Conclusión, abajo los derechos.
Así es como se llevan puesto la república y la democracia. Pero, claro, república y democracia son conceptos para ser invocados cuando se quieren proteger los poderosos. No los podemos invocar los trabajadores. Cuando los invocamos nosotros, estamos defendiendo privilegios.

Ante tal atropello, no nos dejan otro camino que la acción judicial y sindical. La jornada nacional de lucha de los trabajadores judiciales. Una demanda que elabora el sindicato para cada trabajador y trabajadora. Allí está el dictamen jurídico que nos respalda y que damos difusión aparte.
Demandaremos con el derecho en la mano nuestros derechos. Accionaremos sindicalmente con todos los recursos legales a nuestro alcance.

No solo es una pelea por lo que es nuestro. También es una pelea por la república y la democracia. Y los derechos de todos.

 

Compartir
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial